Todos vivimos en una sociedad que tiene unos valores determinados para un tiempo presente. Es más, nuestra sociedad (en mi caso, la española) tiene, en general, una escala de valores sociales más o menos definida que, si bien en ocasiones puede fluctuar, se conformaría a lo largo de un continuum que comprendería “lo menos importante “ y “lo más importante”.
A los seres humanos, al ser arrojados a la vida, se nos va socializando en dicha escala de valores por parte de nuestra familia, amigos, barrio, sociedad y cultura. Así, poco a poco parece ser que diseñamos nuestra propia escala de valores en función de los anteriores ítems. Esto puede ocurrir por afinidad con unos grupos, por oposición a otros, por lo bien que nos trataron unos, y por lo mal que nos trataron otros. Es decir, experiencias positivas y negativas con determinados individuos que pueden pertenecer a unos supuestos colectivos.
Ahora bien, nuestra sociedad considera que unos casos que atenten contra sus valores son más enjuiciables que otros. Unos casos son más dignos de ser llevados a juicio y, dichos casos, van a generar mayor necesidad de justicia en nuestra sociedad que otros. Por ejemplo, un niño asesinado generará en nuestra sociedad mayor necesidad de búsqueda de justicia que un hurto menor en una tienda.
Por lo tanto, traslado esto a la consulta de los psicólogos en función de lo que vengo observando. Puede ocurrir lo siguiente:
1. El paciente realiza un comentario sobre un conflicto que desea resolver con alguien.
2. El psicólogo debería ofrecer ayuda a la hora de encontrar los pros y contras de las diferentes acciones que puede emprender el paciente a la hora de resolverlo. Esto obviamente tanto si quiere ir adelante como si no quiere.
3. Error: el psicólogo empatiza demasiado con el paciente y le refuerza la acción que debe tomar. O bien, el psicólogo empatiza demasiado con el paciente y lo persuade para tomar la acción que cree que debe tomar.
4. Error: el psicólogo no empatiza demasiado con el paciente y lo inhibe o bien lo disuade de la acción que cree que no debe tomar.
Así pues, un psicólogo sacará a relucir la idea irracional de Albert Ellis relacionada con la necesidad de justicia en caso de que no empatice con lo que el paciente considera digno de ser enjuiciable.
Pero yo me pregunto: ¿por qué es irracional buscar aquello que consideras más justo para ti? ¿Por qué cuando el psicólogo no está de acuerdo con aquello que tú consideras enjuiciable utiliza la carta de “esta es una idea irracional de búsqueda de la justicia”?
Cuestión aparte sería buscar justicia irracionalmente. Sin embargo, confunden dichos términos asimilando que lo anterior es el equivalente a que tener necesidad de buscar justicia es irracional en sí. No hay nada más racional, de hecho, que buscar justicia, donde todo queda en un equilibrio.
Es más, los psicólogos, en el uso de los llamados “derechos asertivos” también utilizan comentarios como el del derecho a ser tu propio juez, es decir, a tener tu propia opinión, tu propio sistema de valores y creencias y a actuar en consecuencia.
En mis idas y venidas a diferentes psicólogos, he observado dicho comportamiento en los terapeutas. En ningún caso, ninguno de ellos se toma el tiempo oportuno para comentar y explicar los pros y los contras de la acción que deseas tomar. La mayoría, en casos en los que no están de acuerdo contigo, tratan de disuadirte sacando a relucir tu necesidad de hacer justicia como idea irracional. En consecuencia, careces de resiliencia para afrontar dichas situaciones que te generan malestar por haberlas considerado injustas. Es decir, te falta aguante.
Desde mi punto de vista, deberíamos trabajar como pacientes en aquello que nos genera malestar para que no nos prive del sueño. Pero aun así, hay situaciones en las que sí debe buscarse una justicia racional. Un plato en mal estado del restaurante no nos debe quitar el sueño, pero sí debemos ser capaces de decírselo al camarero con educación.
¿No será que, en ocasiones, el psicólogo no considera digno de enjuiciarse lo mismo que el paciente sí considera digno de ello? Por ejemplo: una chica comenta a una psicóloga que a veces al pasar por una zona recibe piropos que no le agradan por parte de dos chicos. ¿Debería buscarse la justicia de alguna manera o emplearse del término de la resiliencia y aguantarlo? ¿Depende de la empatía que despierte en el psicólogo esa misma situación?
Por otro lado, si no hubiera habido gente con necesidad de hacer justicia y actuar de una manera en pro de lo que consideraban justo, a día de hoy seguiríamos permitiendo comentarios racistas, xenófobos, etc.
¿Sería capaz un psicólogo de los años 80 de decirle a una mujer que su intención de denunciar a alguien que la ha llamado “puta” obedece a una necesidad de búsqueda de justicia? Lo cual me genera otra duda: ¿es posible que haya psicólogos que estén diciendo lo mismo a día de hoy y no se estén dando cuenta de su error y, por tanto, estén disuadiendo al paciente de tomar medidas cuando realmente sí sería necesario?
Sinceramente, me gustaría que un psicólogo considerase “mi drama” como “su drama”. Es decir, que le diera la misma importancia que le otorga él a aquello que él mismo considera más dramático. Si aun así, él fuese capaz de no poseer esa idea irracional de necesidad de hacer justicia, me gustaría que me lo explicase. De lo contrario, es posible que esté más cerca de mí de lo que él cree.
“A este paciente le importan tanto sus chorradas como a mí me importan las mías.”
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