viernes, 9 de febrero de 2024

Si eres feminista

Si eres feminista, no puedes llamarte de izquierdas. En la izquierda se atiende a las condiciones materiales y sociales que gestan una situación concreta y particular. Por ejemplo, si una persona ha sido condenada por robo o ha existido un acto violento de dicho particular contra otra persona, la izquierda suele indagar en las causas materiales que han generado dicha situación y que han llevado, a modo de explicación, a dicha persona a cometer tal acción. Así se explican las causas y pueden establecerse medidas para contrarrestar ese hecho en el futuro.

En el feminismo, la única causa que produce una agresión hacia una mujer es “ser hombre” y formar parte del patriarcado. Ese esencialismo borra de un plumazo todas las otras posibles alternativas. El agresor parece no haberse criado en unas circunstancias sociales que lo conducen a cometer un acto porque no interesa saberlo. Así pues desconocemos datos como:

  • Dónde ha sido criado.
  • Las compañías que ha frecuentado, su grupo de iguales.
  • Quiénes eran sus progenitores.
  • Su formación durante la etapa infantil y juvenil.
  • Su capacidad de resolución de problemas.
  • Las características de su aprendizaje.
  • El grado de inserción laboral.
  • Su estilo comunicativo en general y en particular hacia diferentes miembros de la comunidad.
  • Padecimiento de posibles trastornos mentales o adicciones.

Nada de eso. Absolutamente nada de ello. Por ello estimo oportuno que las feministas no pueden ser llamadas de izquierdas. Esta denominación se debe a que el feminismo está usurpando los movimientos de izquierda. Estos movimientos, por unos intereses políticos, han dejado de estar interesados en una igualdad que tiene que ver con las condiciones materiales y obvian las cuestiones de clase social entre otras muchas.

Desde los medios de comunicación no interesa que sepamos dichas características dado que podría con llevar una percepción empática del agresor, en este caso hombre, el cual podría ser víctima de las circunstancias. Una posible comparación pudiera ser la penalización que se produce en otros lugares sobre individuos de raza negra o que pertenecen al colectivo de inmigrantes, a los cuales, en muchas ocasiones no se les tienen en cuenta las circunstancias sociales y materiales que les llevan a delinquir y que, para algunos, sólo se basa en ser individuos de otra raza o de otra clase. Es decir, delinquen “porque son negros”, “porque son inmigrantes”, lo cual no deja de ser un disparate.

La penalización por género (mayor condena por ser hombre ante igual hecho) conlleva un esencialismo fascista, ya que una persona es juzgada por una circunstancia y característica que no puede cambiar y que no ha elegido para sí: ser hombre (al igual que otros no pueden cambiar ser de raza negra, ser inmigrante, judío, etc.).

domingo, 4 de febrero de 2024

Consejos de un paciente a un psicólogo

1. Si no escribes o anotas nada durante la sesión, puedo pensar que mi caso no es digno de interés. Si en otra sesión no recuerdas algo que te dije, es posible que sea porque no lo apuntaste. Por otro lado, es posible que piense que no repasas mi caso.

2. Si la consulta se retrasa demasiado y demasiadas veces, puedo pensar que no te intereso o que tienes un trato de favor hacia otras personas.

3. Si mencionas el caso de otro paciente (aunque no digas su nombre ni de quién se trata), puede que piense que ese caso te parece más importante que el mío, o bien que mi caso también lo comentes a otros pacientes.

4. Si el código de buenas prácticas de Psicología estima que debe observarse la perspectiva de género, es posible que piense que no voy a ser atendido con las mismas garantías que una mujer.

5. Extensión de la 4: si eres feminista y soy un hombre, es posible que piense que puedas tener un trato de favor hacia las mujeres y que, en caso de que un hombre y una mujer padezcan el mismo conflicto, te decantes antes por el caso de ella o le prestes más atención e interés. Puede que un prejuicio de género te lleve a pensar que yo tengo una serie de privilegios que ella no y que, por el hecho de ser mujer, lo va a pasar obligatoriamente peor que yo y, por tanto, tiene prioridad. Este pensamiento es más normal de lo que crees, pero muchos lo callamos. ¿Creías acaso que no iba a ocurrir?

6. Tus ideas políticas no me interesan. Es posible que yo no sea progresista, que no sea de izquierdas y que no sea feminista. No todos los pacientes tenemos las ideas políticas que más te pueden gustar pero tenemos derecho a ser atendidos con las mismas garantías que aquellos cuyas ideas políticas te apasionan. Cuida que no se note demasiado. Recuerda: no puedo abrirme la cabeza, sacar mi cerebro, ponértelo en la mesa de la consulta y configurarlo para que piense lo que a ti te interesa que piense.

7. No quiero que me des lecciones de vida. El contexto en el que te has podido criar puede que no te haya llevado por el mismo camino que a mí. Puede que nunca te hayan insultado sin más por la calle, puede que nunca hayas sido amenazada si apareces por algún sitio, puede que no te hayan escrito la palabra “gorda” detrás de la silla en la que te sentabas. O puede que nunca que te hayan cuestionado sexualmente o que hayan roto una confidencialidad sexual. No somos iguales. Sólo quiero estar bien y acabar con mi drama. 

8. Tu pareja no me interesa, ni tu familia ni tus amigos. No me los pongas de ejemplo de nada.

9. Creo que la empatía con el paciente representa el 90% del éxito. Pero, generalmente, no he gozado de ella en dicho porcentaje.

10. Si he de realizar una tarea, revísala en la siguiente sesión. De lo contrario, pensaré que lo has olvidado porque no lo anotas como es debido.

11. Si quieres que lea algo, un libro o un artículo, etc., revísalo en la siguiente sesión y trátalo conmigo para comprobar si existen discrepancias o no. Por cierto, procura que el libro o artículo contenga una base científica y bibliografía. “Soy psicólogo, hazme caso” no basta.

12. Entiendo que el número 11 es lo que ahora llamáis “psicoeducación”, pero considero que, en general, la mayoría de las veces, es más propio de un telepredicador que vende el producto que determinados clientes quieren oír.

13. No vivas para las redes sociales y anunciarte en ellas. Entiendo que es una buena fuente de negocio, pero genera la impresión de que estás exclusivamente por dinero y para convertirte en “influencer”.

14. Los eslóganes como “las personas amarillas”, “las personas vitamina”, “salir de tu zona de confort”, “ser la mejor versión de uno mismo” y “las banderas rojas” me importan un pimiento.

15. Entiende que se me hace difícil hablar de los mismos temas si no eres el primer psicólogo al que acudo. Me puede aburrir tener que contar una y otra vez lo mismo.

16. Si llevas un tiempo en que no sabes qué hacer, dímelo y me ahorro ir a tu terapia. Ayúdame a buscar a otro terapeuta, sé honesta y sincera y acéptalo. No me tengas semana tras semana yendo si no le vas a poner interés porque no sabes qué hacer.

17. Un año es más que suficiente para notar una clara mejoría. Entiende que después de ese tiempo mis ganas de continuar la terapia bajen bastante y me desmotive. Es posible que haya que pasarlo a otro profesional.

Las ideas llamadas “irracionales” son sólo irracionales porque son pensadas por el paciente, pero no por el terapeuta.

Todos vivimos en una sociedad que tiene unos valores determinados para un tiempo presente. Es más, nuestra sociedad (en mi caso, la española) tiene, en general, una escala de valores sociales más o menos definida que, si bien en ocasiones puede fluctuar, se conformaría a lo largo de un continuum que comprendería “lo menos importante “ y “lo más importante”.

A los seres humanos, al ser arrojados a la vida, se nos va socializando en dicha escala de valores por parte de nuestra familia, amigos, barrio, sociedad y cultura. Así, poco a poco parece ser que diseñamos nuestra propia escala de valores en función de los anteriores ítems. Esto puede ocurrir por afinidad con unos grupos, por oposición a otros, por lo bien que nos trataron unos, y por lo mal que nos trataron otros. Es decir, experiencias positivas y negativas con determinados individuos que pueden pertenecer a unos supuestos colectivos.

Ahora bien, nuestra sociedad considera que unos casos que atenten contra sus valores son más enjuiciables que otros. Unos casos son más dignos de ser llevados a juicio y, dichos casos, van a generar mayor necesidad de justicia en nuestra sociedad que otros. Por ejemplo, un niño asesinado generará en nuestra sociedad mayor necesidad de búsqueda de justicia que un hurto menor en una tienda.

Por lo tanto, traslado esto a la consulta de los psicólogos en función de lo que vengo observando. Puede ocurrir lo siguiente:

1. El paciente realiza un comentario sobre un conflicto que desea resolver con alguien.

2. El psicólogo debería ofrecer ayuda a la hora de encontrar los pros y contras de las diferentes acciones que puede emprender el paciente a la hora de resolverlo. Esto obviamente tanto si quiere ir adelante como si no quiere.

3. Error: el psicólogo empatiza demasiado con el paciente y le refuerza la acción que debe tomar. O bien, el psicólogo empatiza demasiado con el paciente y lo persuade para tomar la acción que cree que debe tomar.

4. Error: el psicólogo no empatiza demasiado con el paciente y lo inhibe o bien lo disuade de la acción que cree que no debe tomar.

Así pues, un psicólogo sacará a relucir la idea irracional de Albert Ellis relacionada con la necesidad de justicia en caso de que no empatice con lo que el paciente considera digno de ser enjuiciable.

Pero yo me pregunto: ¿por qué es irracional buscar aquello que consideras más justo para ti? ¿Por qué cuando el psicólogo no está de acuerdo con aquello que tú consideras enjuiciable utiliza la carta de “esta es una idea irracional de búsqueda de la justicia”?

Cuestión aparte sería buscar justicia irracionalmente. Sin embargo, confunden dichos términos asimilando que lo anterior es el equivalente a que tener necesidad de buscar justicia es irracional en sí. No hay nada más racional, de hecho, que buscar justicia, donde todo queda en un equilibrio.

Es más, los psicólogos, en el uso de los llamados “derechos asertivos” también utilizan comentarios como el del derecho a ser tu propio juez, es decir, a tener tu propia opinión, tu propio sistema de valores y creencias y a actuar en consecuencia.

En mis idas y venidas a diferentes psicólogos, he observado dicho comportamiento en los terapeutas. En ningún caso, ninguno de ellos se toma el tiempo oportuno para comentar y explicar los pros y los contras de la acción que deseas tomar. La mayoría, en casos en los que no están de acuerdo contigo, tratan de disuadirte sacando a relucir tu necesidad de hacer justicia como idea irracional. En consecuencia, careces de resiliencia para afrontar dichas situaciones que te generan malestar por haberlas considerado injustas. Es decir, te falta aguante.

Desde mi punto de vista, deberíamos trabajar como pacientes en aquello que nos genera malestar para que no nos prive del sueño. Pero aun así, hay situaciones en las que sí debe buscarse una justicia racional. Un plato en mal estado del restaurante no nos debe quitar el sueño, pero sí debemos ser capaces de decírselo al camarero con educación.

¿No será que, en ocasiones, el psicólogo no considera digno de enjuiciarse lo mismo que el paciente sí considera digno de ello? Por ejemplo: una chica comenta a una psicóloga que a veces al pasar por una zona recibe piropos que no le agradan por parte de dos chicos. ¿Debería buscarse la justicia de alguna manera o emplearse del término de la resiliencia y aguantarlo? ¿Depende de la empatía que despierte en el psicólogo esa misma situación?

Por otro lado, si no hubiera habido gente con necesidad de hacer justicia y actuar de una manera en pro de lo que consideraban justo, a día de hoy seguiríamos permitiendo comentarios racistas, xenófobos, etc.

¿Sería capaz un psicólogo de los años 80 de decirle a una mujer que su intención de denunciar a alguien que la ha llamado “puta” obedece a una necesidad de búsqueda de justicia? Lo cual me genera otra duda: ¿es posible que haya psicólogos que estén diciendo lo mismo a día de hoy y no se estén dando cuenta de su error y, por tanto, estén disuadiendo al paciente de tomar medidas cuando realmente sí sería necesario?

Sinceramente, me gustaría que un psicólogo considerase “mi drama” como “su drama”. Es decir, que le diera la misma importancia que le otorga él a aquello que él mismo considera más dramático. Si aun así, él fuese capaz de no poseer esa idea irracional de necesidad de hacer justicia, me gustaría que me lo explicase. De lo contrario, es posible que esté más cerca de mí de lo que él cree.

“A este paciente le importan tanto sus chorradas como a mí me importan las mías.”

Si eres feminista

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